La robótica doméstica lleva años prometiendo asistentes generales para casa, pero casi siempre se mueve entre prototipos caros, juguetes con IA o conceptos demasiado abiertos. Zeroth Robotics ha optado por una estrategia algo más concreta en su lanzamiento en Estados Unidos: presentar M1, un pequeño humanoide de unas 15 pulgadas, junto a una línea de cinco robots con funciones diferenciadas para hogar y entornos comerciales ligeros.
El dato más llamativo es el precio anunciado para M1, que partirá de 2.899 dólares, con preventa en el primer trimestre de 2026 y disponibilidad general prevista para abril de 2026. Pero lo más relevante no es solo bajar la barrera económica. Lo interesante es que Zeroth intenta evitar la trampa del “robot que hace de todo” y define usos bastante concretos: apoyo a mayores en casa, recordatorios y ayuda ligera, acompañamiento para familias y una plataforma abierta para creadores y entusiastas.
Un lanzamiento que vende menos fantasía generalista y más catálogo de funciones
Según la compañía, M1 incorpora percepción multimodal, una pila de seguridad propia, ecosistema de aplicaciones y actualizaciones de comportamiento con el tiempo. Además del robot principal, Zeroth ha enseñado otros cuatro productos en desarrollo: W1, una plataforma con ruedas para hogar y comercio ligero; WALL•E, orientado a entornos familiares y educativos; A1, un cuadrúpedo para universidades e I+D; y Jupiter, un humanoide de mayor tamaño pensado para ejecución de tareas en el mundo real.
Ese reparto revela una lectura bastante sensata del mercado. En vez de intentar que un solo hardware encaje en todos los escenarios, Zeroth plantea una base tecnológica común y varios formatos. Es un enfoque más creíble que la promesa de un único robot universal porque reconoce algo básico: el hogar, la educación, la atención ligera y el trabajo comercial no exigen la misma movilidad, ni el mismo coste, ni el mismo grado de autonomía.
El reto no es enseñar un robot simpático, sino sostener utilidad diaria
También conviene poner algo de distancia con el entusiasmo habitual del CES. Un robot pequeño y accesible puede llamar mucho la atención, pero la adopción real en consumo depende de otra cosa: que aporte valor todos los días, que no genere demasiada fricción y que mantenga una experiencia suficientemente fiable para convivir con personas no técnicas.
Ahí es donde se la juega Zeroth. Si M1 se queda en un dispositivo expresivo con algunas rutinas vistosas, competirá en una categoría que se desgasta rápido. Si consigue que recordatorios, asistencia ligera y personalización funcionen de manera estable, podría abrir una franja intermedia entre el gadget y el robot doméstico ambicioso que aún no termina de llegar.
El lanzamiento no prueba todavía que ese mercado esté resuelto, pero sí apunta una dirección útil: robots más acotados, más comprensibles y con expectativas menos infladas. Para la robótica de consumo, eso puede ser una señal más valiosa que cualquier discurso grandilocuente sobre asistentes generales.