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IntBot y Certis preparan humanoides de servicio para Singapur

IntBot y Certis se alían para llevar humanoides de atención pública a entornos reales de Singapur, desde hoteles hasta transporte.

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IntBot y Certis preparan humanoides de servicio para Singapur

IntBot y Certis Group han firmado una alianza para desarrollar aplicaciones de humanoides de servicio en Singapur. La noticia no va de enseñar otro robot en una feria, sino de intentar llevar robots sociales a entornos públicos donde deben orientar, responder, convivir con personas y encajar en operaciones reales sin convertirse en una carga para el personal.

El acuerdo combina la tecnología de “General Social Intelligence” de IntBot con la experiencia operativa de Certis, una compañía singapurense especializada en seguridad, instalaciones y servicios de primera línea. El objetivo declarado es trabajar en casos de uso de conserjería, asistencia a visitantes, atención multilingüe y soporte operativo en espacios como transporte, hoteles, sanidad, retail y recintos públicos.

Del piloto vistoso al modelo operativo

Los humanoides de atención pública suelen medirse por una demo sencilla: saludar, contestar preguntas y moverse con cierta naturalidad. En un entorno real, el listón es menos teatral y bastante más exigente. El robot tiene que reconocer cuándo alguien quiere ayuda, cuándo conviene no interrumpir, qué hacer si no entiende una pregunta, cómo escalar una incidencia y cómo operar en horarios largos con ruido, colas, niños, equipajes, señalética y excepciones constantes.

Ahí es donde Certis aporta valor. La empresa no plantea la robótica como una máquina aislada, sino como parte de un sistema operativo con procesos, personal humano, supervisión y datos. En su propia página de robótica, Certis habla de robots integrados en ecosistemas de operación, capaces de patrullar, apoyar funciones de conserjería y servicio, detectar anomalías y alimentar sistemas de mando con información accionable.

La colaboración con IntBot intenta aplicar esa lógica a humanoides sociales. Según el comunicado, las dos compañías trabajarán en aplicaciones que puedan integrarse en entornos vivos, donde los robots tengan que interactuar de forma natural con personas y al mismo tiempo cumplir requisitos prácticos de seguridad, fiabilidad y calidad de servicio.

Singapur como banco de pruebas

La elección de Singapur no es accidental. El país lleva años usando infraestructura pública, sensores, servicios digitales y programas de innovación como palancas para probar tecnología operativa a escala limitada pero realista. En robótica, esa combinación es útil porque permite pasar de una prueba de laboratorio a espacios con tráfico humano, normas de seguridad y necesidades de servicio medibles.

Certis fue nombrada recientemente por la Infocomm Media Development Authority como socio de diseño para el primer gran testbed multioperador de robótica de Singapur en un entorno público mixto en Punggol Digital District. Ese dato importa porque sitúa la alianza con IntBot dentro de una estrategia más amplia: probar robots en lugares donde varios operadores, sistemas y flujos humanos comparten espacio.

El comunicado habla de despliegues piloto iniciales en Singapur a medida que maduren la tecnología y los casos de uso. No hay aún lista cerrada de ubicaciones ni cifras de unidades. Esa ausencia de números obliga a mantener prudencia: estamos ante una alianza para preparar pilotos, no ante una flota ya instalada.

El cuello de botella es social

IntBot defiende que, a medida que maduran los modelos multimodales, el cuello de botella de la IA encarnada en espacios públicos se desplaza desde la manipulación física hacia la interacción humana. Es una tesis razonable. En un hotel, un hospital o una estación, el robot quizá no tenga que cargar cajas pesadas ni usar herramientas complejas; puede que su tarea principal sea orientar, explicar, confirmar, derivar y reducir fricción en puntos de atención.

Eso no lo hace fácil. La interacción social en público exige percepción multimodal en tiempo real, gestión de turnos de conversación, reconocimiento de intención, memoria contextual, límites claros y una integración fuerte con sistemas existentes. Un robot de conserjería que no sabe cuándo llamar a una persona, que responde con seguridad a información dudosa o que bloquea un pasillo puede empeorar la operación.

La parte interesante de IntBot es que llega con experiencia reciente en atención al público. Su robot humanoide ya ha sido probado en el aeropuerto internacional de San José Mineta, donde el enfoque era orientar viajeros en más de 50 idiomas durante un piloto de cuatro meses. Esa experiencia no garantiza éxito en Singapur, pero sí aporta un caso previo cercano al problema: humanos desconocidos, preguntas cambiantes y un entorno de alto tránsito.

Qué habrá que comprobar

La alianza deja tres preguntas abiertas. La primera es técnica: si la capa de inteligencia social de IntBot puede mantener conversaciones útiles, seguras y consistentes fuera de una demo preparada. La segunda es operativa: si Certis logra integrar esos humanoides en turnos, protocolos y sistemas de mando sin añadir complejidad innecesaria. La tercera es económica: si el ahorro o la mejora de servicio compensa el coste de hardware, soporte, supervisión y mantenimiento.

La robótica de servicio no necesita parecer ciencia ficción para ser útil. Necesita estar disponible, entender límites y resolver tareas repetibles mejor que una pantalla fija o una app mal situada. Si IntBot y Certis consiguen demostrar eso en espacios públicos de Singapur, el valor no estará en que el robot tenga forma humana, sino en que esa forma ayude a personas reales a interactuar con la infraestructura sin fricción.

Fuentes

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