La startup neerlandesa VNYX ha captado más de un millón de euros para escalar sus sistemas de robótica e inteligencia artificial aplicados a la reventa de moda. Es una noticia pequeña frente a los grandes anuncios de humanoides, pero toca un problema muy físico y muy industrial: procesar prendas usadas, devoluciones y excedentes a una velocidad que haga viable la economía circular.
Según la compañía, su sistema actual VNYX10 ya está desplegado con socios como BOAS y Bever, procesa hasta 10.000 artículos al año y ha reducido el tiempo de gestión por prenda de unos 19 minutos a alrededor de 3 minutos. El objetivo declarado es llegar a la “promesa de 1 minuto”, una cifra que cambiaría bastante la cuenta económica de la reventa.
La moda de segunda mano tiene demanda, regulación favorable y narrativa sostenible. Lo que no siempre tiene es operación barata. Cada prenda hay que recibirla, identificarla, inspeccionarla, clasificarla, fotografiarla, valorarla y moverla. Esa mezcla de manipulación flexible, visión, datos y logística es justo el tipo de caos donde la robótica suele sufrir.
Del piloto al sistema de más capacidad
VNYX combina hardware propio y software de IA para automatizar parte del proceso de handling y gestión de prendas. El salto inmediato será VNYX100, una versión capaz de procesar hasta 100.000 artículos al año y prevista para entregarse a BOAS en junio de 2026.
Más adelante, la empresa trabaja en VNYX1000, planteado como un sistema robótico e inteligente para superar el millón de prendas anuales en entornos industriales. Ahí ya no hablamos de un experimento de sostenibilidad, sino de infraestructura logística para marcas, operadores de fulfillment y plataformas de reventa.
La ronda mezcla inversión estratégica y ayudas públicas. Entre los apoyos citados figuran Baltic Business Angels, Squads Fund, Spark Design & Innovation, Stichting DOEN, Earthstar y la Netherlands Enterprise Agency. Ese tipo de combinación encaja con una compañía que no solo desarrolla software: necesita construir, probar y escalar máquinas.
La prenda es un objeto difícil
Automatizar moda no se parece a mover cajas estándar. Las prendas se deforman, se arrugan, se enganchan, cambian de talla, color, textura y estado. Además, el valor depende de información que no siempre está estructurada: marca, condición, temporada, demanda, manchas, desgaste o autenticidad.
Por eso la promesa de VNYX es interesante si se confirma en producción. No basta con poner un brazo a coger camisetas. El sistema tiene que reducir tiempos sin aumentar errores, integrarse con inventario y marketplace, y mantener una trazabilidad que permita vender rápido sin perder confianza.
La regulación europea también empuja. Las normas de responsabilidad ampliada del productor y la presión contra la destrucción de excedentes están convirtiendo el residuo textil en un problema operativo para marcas y distribuidores. Si la reventa se vuelve obligatoria o económicamente preferible, la automatización deja de ser un extra verde y pasa a ser una necesidad de coste.
Robótica discreta para un mercado enorme
VNYX no está vendiendo un robot carismático. Está intentando convertir una cadena de tareas manuales, lentas y variables en un proceso industrial repetible. Esa es una forma menos vistosa de robótica, pero probablemente más cercana al mercado real que muchas demos generalistas.
El reto será demostrar que el paso de VNYX10 a VNYX100 y VNYX1000 mantiene calidad, disponibilidad y retorno. Procesar 10.000 prendas al año no es lo mismo que gestionar flujos de cientos de miles con picos, devoluciones, excepciones y catálogo cambiante.
Aun así, la dirección es clara: si la moda circular quiere escalar, necesita máquinas que entiendan objetos blandos, imperfectos y diferentes entre sí. VNYX está atacando justo ese punto incómodo donde la sostenibilidad se convierte en ingeniería logística.