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Salud y Medicina

Andromeda prepara a Abi para escalar en residencias de EE UU

Andromeda traslada parte de su equipo a San Francisco para convertir a Abi, su robot social para residencias, en un despliegue mucho más amplio.

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Andromeda prepara a Abi para escalar en residencias de EE UU

Andromeda Robotics está intentando llevar a Abi, su robot social para residencias y centros asistenciales, desde los primeros despliegues en Australia hacia una operación mucho más ambiciosa en Estados Unidos. La señal no es otro vídeo de un humanoide haciendo una tarea vistosa, sino un movimiento más prosaico: equipo en San Francisco, cambios de fabricación y una tesis clara sobre soledad, turnos de cuidados y acompañamiento.

De Melbourne a San Francisco

La novedad llega por una entrevista publicada por la Association for Advancing Automation el 4 de junio de 2026, en la que la fundadora Grace Brown explica que Andromeda ya tiene un equipo de algo menos de 10 personas en California y que prevé contratar más durante el año. Según ese relato, la mudanza parcial a San Francisco se apoya en la Serie A cerrada en septiembre y busca acercar capital, talento y mercado.

El punto importante es que Abi no parte de cero. A3 afirma que Andromeda tiene ya “dozens” de unidades desplegadas en residencias asistidas, la mayoría en Australia. Upstarts Media, que probó el robot en marzo, situaba esos primeros despliegues en 15 centros del área de Melbourne y vinculaba la entrada en EE UU a una ronda de unos 17 millones de dólares. Son cifras pequeñas frente a los planes de los grandes fabricantes de humanoides, pero relevantes para una compañía que no intenta vender un robot industrial generalista, sino un producto social muy acotado.

Brown plantea el mercado estadounidense como una versión más grande y más tensa del australiano. En la entrevista con A3, compara la soledad en residencias de ambos países y señala que, si en Australia cuatro de cada diez residentes no reciben visitas, en Estados Unidos la proporción se acercaría a seis de cada diez. Esa cifra debe leerse con cautela, porque procede de la fundadora y no de un estudio enlazado por la pieza, pero explica bien dónde quiere competir Andromeda: no en sustituir a cuidadores, sino en cubrir huecos de interacción que el sistema actual no atiende bien.

Un humanoide diseñado para no intimidar

Abi se aleja deliberadamente de la estética industrial o hiperrealista. En la página oficial del producto, Andromeda lo presenta como un robot acompañante para residencias de mayores y assisted living, creado junto con proveedores de cuidados para mejorar el bienestar y ampliar la capacidad del equipo asistencial. Su cuerpo es colorido, de líneas suaves y con una pantalla facial expresiva; la intención es que parezca cercano antes que impresionante.

La compañía enumera tres usos principales: acompañamiento individual, conversaciones multilingües y actividades de grupo. Según Andromeda, Abi puede comunicarse en 90 idiomas, reconocer caras, interpretar y expresar emociones, y recordar conversaciones de días o meses anteriores. También se usa en dinámicas como canciones, juegos, baile, relato de historias o actividades con burbujas, una función que aparece tanto en la cobertura de A3 como en la experiencia publicada por Upstarts.

Ese diseño tiene una lectura técnica y otra clínica. Técnicamente, Andromeda está evitando el problema de prometer autonomía física compleja en entornos no estructurados. Abi no necesita manipular cargas ni moverse como un robot de fábrica para aportar valor. Clínicamente, el reto es más delicado: si el robot se integra en rutinas de acompañamiento, debe hacerlo sin sustituir contacto humano ni trivializar necesidades emocionales reales.

Ahí aparece uno de los matices más útiles del caso. Brown compara el estado actual de Abi con los coches autónomos supervisados: el robot no estaría teleoperado en cada interacción, pero sí monitorizado por personal capaz de intervenir si hace falta. Esa capa de supervisión rebaja el relato de autonomía total y lo acerca a lo que probablemente será la robótica asistencial durante años: sistemas con bastante software, pero todavía dentro de protocolos humanos.

Escalar exige fabricar de otra manera

El salto que busca Andromeda no depende solo de vender más unidades. A3 recoge que la empresa quiere pasar de las “dozens” actuales a “thousands” durante los próximos dos años, y que eso obligaría a revisar su proceso de fabricación. En concreto, Brown menciona la transición desde piezas impresas en 3D hacia moldeo por inyección más estandarizado.

Ese detalle importa porque muchos robots sociales han fallado menos por falta de ideas que por no sobrevivir al contacto con costes, mantenimiento, soporte y compras institucionales. Una residencia no compra una demo: compra continuidad, seguridad, formación, privacidad de datos y una respuesta clara cuando el robot falla. En su página de producto, Andromeda afirma que trabaja con buenas prácticas de almacenamiento y cifrado de datos y que ofrece soporte durante el despliegue, pero todavía queda por ver cómo se comporta ese modelo cuando pase de decenas a cientos o miles de unidades.

La oportunidad, en cualquier caso, es real. El envejecimiento de la población, la rotación laboral en cuidados y la soledad no deseada hacen que la robótica social vuelva a aparecer como una vía de apoyo. La diferencia frente a ciclos anteriores es que Abi llega con IA generativa, reconocimiento emocional y una propuesta de uso más concreta. Eso no garantiza éxito, pero sí convierte a Andromeda en una compañía a seguir: no por prometer el robot universal, sino por intentar que un robot limitado haga una cosa sensible dentro de un entorno muy necesitado.

Fuentes

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