Clear Robotics ha cerrado una ronda pre-Series A de 1,75 millones de dólares para ampliar su flota de embarcaciones autónomas eléctricas. La noticia no va de un prototipo de laboratorio, sino de un operador que ya trabaja con 26 USV y que quiere convertir esa experiencia en una plataforma comercial para puertos, ríos y operaciones marítimas de infraestructura.
Una ronda pequeña para un problema muy físico
La financiación está liderada por Shipsfocus Ventures, con participación de Katapult Ocean, SGInnovate, M7 Holdings MGS Ventures y otros socios estratégicos. Para una empresa de robótica marítima, la cifra no es enorme, pero sí apunta a una fase concreta: contratar más ingeniería, entrar en más mercados y construir embarcaciones más grandes sin abandonar el aprendizaje en campo.
Según la nota de la compañía, el dinero servirá para acelerar la expansión en el Sudeste Asiático, India y Oriente Medio. También financiará I+D en prospección portuaria automatizada y tecnología de retrofit comercial, es decir, sistemas que puedan llevar autonomía a embarcaciones o servicios ya existentes. Ese último punto es importante porque la robótica marítima no se despliega en un vacío: entra en puertos, canales, ríos urbanos y servicios públicos donde ya hay operaciones, costes, contratos y restricciones locales.
Clear Robotics, fundada en Hong Kong en 2020 por Sidhant Gupta y Utkarsh Goel, se presenta como una compañía de tecnología marítima centrada en soluciones autónomas, eléctricas y de cero emisiones para infraestructura crítica. Su foco actual combina recuperación de residuos, vigilancia marina y, en desarrollo, levantamientos impulsados por IA. La empresa asegura que su flota actual está optimizada con IA y permite operar sin intervención manual continua.
Clearbot como herramienta, no como demo
El interés técnico está en que Clear Robotics no intenta vender solo un casco con sensores. Su web comercial, bajo la marca Clearbot, enseña una familia de embarcaciones con tamaños y funciones distintos. El modelo Class 3, por ejemplo, se describe como un barco autónomo grande para recogida de residuos marinos, levantamientos hidrográficos y monitorización de vías navegables en puertos y bahías.
Las cifras de ese modelo dan una idea del tipo de tarea que persigue. Clearbot declara una embarcación de 4,04 metros de largo, 2,3 metros de ancho y 1,68 metros de alto, con hasta 8 horas de batería, velocidad media de 3 a 10 nudos, autonomía de 5 kilómetros y carga solar. En residuos flotantes, la ficha habla de hasta 200 kilos por hora. No son parámetros de un dron ligero de inspección, sino de una máquina pensada para hacer trabajo repetido en agua urbana o portuaria.
La empresa también insiste en la capa de datos. Además de recoger biomasa o basura, sus sistemas generan información sobre rutas, cantidad y tipo de material retirado, estado de la embarcación y operación. En robótica de servicios, ese punto suele marcar la diferencia entre una máquina que resuelve una tarea aislada y un sistema que puede justificar contratos recurrentes: no basta con limpiar, también hay que demostrar qué se ha limpiado, dónde y con qué coste.
De ríos urbanos a operación portuaria
Clearbot ya muestra varios proyectos reales. En su web cita trabajos de retirada de jacinto de agua y residuos en India, Hong Kong y Filipinas. Entre los casos publicados figuran un proyecto en Umiam Lake, en Meghalaya, con 42 toneladas de residuos retiradas; una operación en Jawaharlal Nehru Port Authority, en Mumbai, con alrededor de 3.000 kilos; y un caso de retirada de jacinto de agua con Veolia en Hong Kong que declara 260 toneladas en dos semanas.
La ronda llega en un momento en el que la automatización marítima se está abriendo más allá de la defensa y de los grandes buques. Los usos más inmediatos están en tareas localizadas: limpieza de canales, vigilancia bajo plataformas, medición batimétrica, inspección de infraestructuras, monitorización ambiental o apoyo a puertos. Son trabajos que combinan repetición, exposición a entornos sucios o peligrosos y necesidad de datos verificables.
Ahí encaja la ambición de construir una flota grande de embarcaciones no tripuladas. La escala no dependerá solo del número de cascos, sino de la facilidad para mantenerlos, cargarlos, asignar misiones, supervisar excepciones y entregar informes útiles a ayuntamientos, puertos o operadores industriales. La robótica marítima tiene menos margen para improvisar que una demo en tierra: una avería en el agua implica recuperación, seguridad, permisos y posibles interferencias con tráfico real.
Lo que todavía queda por demostrar
La lectura prudente es que Clear Robotics ha validado tracción inicial, no que haya resuelto por completo la operación autónoma marítima a gran escala. Pasar de 26 embarcaciones a una flota global exige fabricación, mantenimiento, seguros, soporte local y adaptación a normativas distintas. También habrá que ver qué parte de la autonomía funciona sin supervisión humana y qué parte depende de operadores remotos o de procedimientos predefinidos.
Aun así, la noticia merece atención porque representa un tipo de robótica menos vistosa que los humanoides, pero más cercana al trabajo real. Un barco autónomo que retira residuos, mide fondos o vigila infraestructura no necesita parecer inteligente: necesita funcionar muchas horas, producir datos fiables y reducir costes frente a métodos manuales o embarcaciones convencionales. Si Clear Robotics convierte esta ronda en más despliegues medibles, su flota puede ser una señal útil de hacia dónde se mueve la robótica autónoma aplicada al agua.
Fuentes
- Clear Robotics / PRNewswire — ronda pre-Series A de 1,75 millones de dólares [en]
- Clearbot — ficha oficial de la embarcación Class 3 [en]
- Clearbot — proyectos y casos de uso publicados [en]
- Clearbot — blog oficial sobre despliegues y mejoras operativas [en]
- Imagen: Clearbot — Clearbot Neo en operación real [en]