DJI Agriculture ha lanzado globalmente los Agras T55 y Agras T100, dos drones agrícolas pensados para pulverización, esparcido y elevación de cargas en campo. La noticia no va de un cuadricóptero más, sino de cómo DJI intenta llevar su línea agrícola hacia máquinas con más capacidad, sensores más densos y una operación más continua.
El anuncio llega desde Shenzhen con una lectura clara: la agricultura de precisión se está industrializando. DJI afirma que ya hay más de 600.000 drones agrícolas de la compañía en uso, tratando 300 tipos de cultivos en más de 100 países. Son cifras de fabricante, pero ayudan a entender por qué esta actualización importa: DJI no está presentando una categoría experimental, sino ampliando una base instalada que ya trabaja en explotaciones reales.
T55: más seguridad para parcelas pequeñas y huertos
El Agras T55 ocupa el lado más ligero de la nueva pareja. Según la nota distribuida por DJI Agriculture, el dron puede transportar 50 litros para pulverización, con un flujo de hasta 50 litros por minuto cuando usa aspersores de niebla. Para esparcido, la compañía declara 55 kilos de carga y un flujo de 400 kilos por minuto.
El punto interesante no está solo en el depósito. DJI presenta el T55 como un dron de uso relativamente sencillo para agricultores que necesitan cubrir huertos, parcelas pequeñas y tareas mixtas sin saltar a una plataforma más grande. La página oficial del Agras T55 lo describe como un equipo para pulverizar, esparcir y elevar, con una configuración que busca equilibrar coste, seguridad y facilidad de operación.
La seguridad es precisamente una de las mejoras que DJI subraya. El nuevo radar de ondas milimétricas genera, según la empresa, una nube de hasta 250.000 puntos por segundo para detectar obstáculos con más precisión. También incorpora un sistema de visión cuádruple: tres cámaras superiores y una cámara FPV a color y baja luminosidad para cubrir escenas delante, detrás, a izquierda, a derecha y por debajo del dron.
Esa combinación tiene sentido en agricultura porque el campo real rara vez es limpio. Hay árboles, cables, pendientes, cambios de luz, niebla, lluvia, maquinaria y operarios moviéndose alrededor. DJI afirma que el sistema puede registrar obstáculos para evitarlos en vuelos posteriores. Es una promesa importante, aunque conviene leerla como asistencia a la operación, no como garantía absoluta de autonomía en cualquier finca.
T100: doble batería para fincas grandes
El Agras T100 apunta a otro tipo de explotación. DJI lo presenta como una plataforma de mayor productividad, con sistema de pulverización de doble batería para aumentar autonomía y continuidad en operaciones a gran escala. En la nota oficial, la compañía dice que el tiempo de vuelo estacionario mejora un 50% con la misma carga útil cuando se usa la configuración de baterías inteligentes dobles.
La cifra más visible es el depósito de 90 litros para pulverización en esa configuración, con 40 litros por minuto a través de cuatro aspersores de niebla. DJI también habla de rociadores centrífugos de doble atomización para volar más rápido, cubrir más anchura de trabajo y mejorar la eficiencia en campo abierto. Para huertos, el conjunto opcional de niebla busca penetrar copas densas y alcanzar el reverso de las hojas, una de las zonas donde la pulverización aérea suele tener más dificultad.
La ficha oficial del Agras T100 lo resume como un dron agrícola con carga útil máxima de 100 kilos y aplicaciones de pulverización, esparcido y elevación. En la configuración estándar de batería única, DJI declara 150 litros para esparcido, con flujo de 400 kilos por minuto, y una capacidad de elevación de 80 kilos. Traducido a operación: el T100 no está pensado solo para aplicar líquido, sino para mover material agrícola en tareas donde un dron pesado puede ahorrar trayectos o reducir exposición del personal.
La agricultura autónoma sigue dependiendo del soporte
DJI acompaña el lanzamiento con otra cifra menos vistosa pero relevante: más de 3.500 centros de servicio y reparación y una red de más de 7.000 instructores certificados. En drones agrícolas, el soporte no es un accesorio. Un equipo parado durante una ventana corta de tratamiento puede costar más que la propia reparación, y la formación del operador pesa tanto como el hardware.
La disponibilidad comercial variará por país y región, y DJI no ha publicado precios globales cerrados. Eso limita la comparación económica frente a tractores autónomos, aperos inteligentes o servicios de aplicación con terceros. También falta ver cómo se comportan estas capacidades en cultivos, normativas y condiciones meteorológicas distintas.
Aun así, el movimiento encaja con una tendencia clara: la robótica agrícola está dejando de ser solo navegación autónoma para convertirse en sistemas de trabajo. El valor del T55 y del T100 no estará en volar, sino en repetir con precisión tareas de pulverización, esparcido y transporte durante campañas reales. Si DJI consigue que esa operación sea segura, mantenible y fácil de formar, los drones agrícolas pueden seguir ganando terreno frente a maquinaria más pesada en parcelas donde flexibilidad y rapidez pesan más que el tamaño.