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Humanoides

Figure lleva F.03 a 200 horas de sorting y cambia la métrica

Figure cerró una prueba de 200 horas con F.03 clasificando paquetes. El dato relevante ya no es la velocidad punta, sino la continuidad operativa.

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Figure lleva F.03 a 200 horas de sorting y cambia la métrica

Figure AI ha convertido una demo que empezó como un turno largo en una prueba de resistencia bastante más exigente: sus robots F.03 han estado clasificando paquetes durante 200 horas seguidas en una línea de demostración. La cifra obliga a mirar el avance de los humanoides con otra unidad de medida. Ya no basta con preguntar si el robot puede hacer una tarea; la pregunta empieza a ser cuánto tiempo puede sostenerla sin romper el flujo.

Según el recuento publicado por Sherwood a partir del directo y de los mensajes de Brett Adcock, fundador y consejero delegado de Figure, la prueba terminó con 249.560 paquetes clasificados en 200 horas, el equivalente a 25 turnos humanos de ocho horas. La tarea era estrecha, pero útil para medir robótica real: encontrar el código de barras, coger paquetes pequeños de formatos variables y dejarlos boca abajo sobre una cinta transportadora para su escaneado.

De la demo editada al turno acumulado

Figure ya había enseñado esta misma familia de tareas en formatos más cortos: clips, pruebas de una hora y directos de jornada completa. La novedad aquí no es que F.03 sepa mover cajas, sino que la compañía haya mantenido el sistema durante más de ocho días de trabajo continuo. En robótica industrial, esa diferencia importa mucho. Un brazo, un humanoide o un AMR pueden parecer convincentes durante varios minutos; lo difícil es seguir siendo útil cuando aparecen baterías, descansos, pequeños errores, cambios de unidad y fatiga mecánica.

La comparación más llamativa llegó durante la propia maratón. Figure organizó un duelo de 10 horas entre un humano y el sistema robótico. El trabajador ganó por poco: 12.924 paquetes frente a 12.732 para F.03, con medias de 2,79 y 2,83 segundos por paquete, respectivamente. El resultado permite dos lecturas a la vez. El humano sigue siendo rapidísimo en una tarea manual repetitiva. Pero la flota robótica se acercó mucho y, después del duelo, siguió trabajando.

Ese matiz evita una conclusión fácil. No estamos ante una prueba de “un robot ya supera a cualquier operario”. Estamos ante algo más concreto: una plataforma humanoide que empieza a competir no solo por destreza puntual, sino por continuidad, rotación entre unidades y capacidad de mantener una línea sin pausas humanas.

La clave está en la rotación, no en un robot heroico

Conviene subrayar que la prueba no fue un único F.03 inmóvil durante 200 horas. La información disponible apunta a una serie de robots trabajando por turnos, con sustituciones cuando la batería bajaba. Sherwood recoge que los cambios se producían aproximadamente cada tres o cuatro horas: el robot activo se retiraba, otro entraba en la estación y la tarea continuaba.

Esa arquitectura es menos vistosa que imaginar a una máquina incansable, pero es mucho más interesante desde el punto de vista industrial. En una operación real, el activo no es solo el robot físico, sino el sistema: estaciones, carga, coordinación, recuperación ante incidencias, telemetría y software de control. Si una flota puede cambiar de unidad sin detener la línea, la pregunta económica cambia. El coste ya no se mide únicamente por robot, sino por hora útil de celda.

Figure atribuye estas capacidades a su pila Helix 02, su sistema de visión-lenguaje-acción para control humanoide. En la documentación oficial de Figure 03, la empresa presenta el robot como una plataforma eléctrica de 61 kg, 20 kg de carga útil, hasta 5 horas de autonomía y velocidad máxima de 1,2 m/s. La ficha no demuestra por sí sola que el sistema esté listo para almacenes, pero ayuda a entender por qué la rotación de unidades es central: una autonomía de varias horas puede encajar en una operación continua si la estación está diseñada para cambios ordenados.

Lo que esta prueba demuestra, y lo que no

El sorting de paquetes es una tarea deliberadamente acotada. Eso no la invalida. Al contrario: es una buena prueba de manipulación repetitiva porque mezcla paquetes blandos, cajas rígidas, orientación visual y contacto físico con una cinta. Pero tampoco debe venderse como robótica general resuelta. No hay picking libre en un almacén completo, no hay interacción compleja con humanos y no conocemos todavía métricas auditadas de fallos, intervenciones, mantenimiento o coste por paquete.

El valor de la prueba está en otro sitio: en cambiar el debate desde el clip al turno acumulado. Para que un humanoide tenga sentido en logística o manufactura ligera, no necesita ser espectacular; necesita ser aburrido, repetible y medible. Si F.03 puede mantener una tarea estrecha durante 200 horas, Figure gana argumentos en una conversación donde muchas demos siguen midiendo segundos.

También hay una advertencia para el sector. Cuanto más se acerquen los humanoides a tareas productivas, menos bastará con enseñar movimiento. Habrá que publicar disponibilidad, tasa de error, consumo, coste de mantenimiento, seguridad funcional y facilidad de integración. La prueba de Figure no cierra esas preguntas, pero sí las pone sobre la mesa de forma más concreta.

Una señal para la carrera humanoide

El momento llega en plena presión competitiva entre Figure, Tesla, Agility, Boston Dynamics, Unitree y otros fabricantes que quieren convertir la forma humana en una herramienta de trabajo. La ventaja de un humanoide no será parecerse a una persona, sino poder usar espacios, herramientas y flujos diseñados para personas sin rediseñar toda la instalación.

Por eso esta maratón tiene más interés que una coreografía. Si el robot pierde por poco frente a un humano en un sprint de 10 horas, pero la flota sigue produciendo durante días, el criterio de evaluación se desplaza. La comparación relevante ya no es solo “quién va más rápido ahora”, sino “qué sistema entrega más horas útiles con menos interrupciones”.

Figure todavía tiene que demostrar que esta capacidad se traslada fuera de su propio entorno de prueba. Pero la pieza deja una señal clara: la robótica humanoide empieza a entrar en una fase donde las demos valen menos por sorprender y más por aguantar.

Fuentes

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