robotica.es robotica.es
Industria y Logística

Güdel estira el rectificado robótico con dos ejes extra

Güdel mostrará en Automate 2026 una célula de rectificado que combina TrackMotion Vertical y Floor para cubrir piezas grandes con un solo robot.

·
5 min de lectura
Güdel estira el rectificado robótico con dos ejes extra

Güdel llevará a Automate 2026 una célula de rectificado que combina dos ejes lineales de su familia TrackMotion para ampliar el alcance de un robot industrial. La demostración no intenta vender otro brazo más grande, sino una arquitectura distinta: mover el robot en vertical y en horizontal para que una misma unidad pueda trabajar sobre piezas de gran tamaño.

Según Robotics & Automation News, el sistema se enseñará en el stand 1806 de Güdel y usa un robot FANUC R-1000 con una herramienta de rectificado en el extremo. La integración combina TrackMotion Vertical TMV con TrackMotion Floor TMF, de modo que el brazo gana una carrera vertical y otra sobre el suelo. En la práctica, esos dos ejes externos convierten la célula en una solución de séptimo y octavo eje para acabado de superficies.

Dos ejes lineales para una tarea ingrata

El rectificado robótico es una de esas aplicaciones donde la automatización parece sencilla desde lejos y se vuelve dura en cuanto aparece una pieza real. Hay polvo, vibración, cambios de abrasivo, tolerancias visuales, fuerzas de contacto y geometrías que obligan a mantener una orientación estable durante mucho tiempo. Si la pieza además es grande, el problema deja de ser solo el proceso y pasa a ser el alcance.

Ahí encaja la propuesta de Güdel. El TMV es un eje vertical para robots articulados que la compañía presenta como una forma de ampliar el rango de trabajo sin rediseñar toda la célula. La ficha oficial habla de compatibilidad con múltiples marcas de robot, cargas de robot de hasta aproximadamente 250 kg, velocidad entre 0,5 y 3,0 m/s y aceleración entre 0,5 y 3,0 m/s². También indica que puede alcanzar alturas de elevación autoportantes de hasta 16 m, aunque cuando se combina con el eje de suelo TMF la referencia baja a unos 3 m, más propia de una célula industrial compacta.

El TMF, por su parte, aporta el desplazamiento horizontal sobre suelo. Güdel lo describe como un eje capaz de absorber las cargas dinámicas de robots articulados en cualquier dirección. Ese detalle importa porque no se trata de desplazar una cámara o una herramienta ligera, sino un robot completo que acelera, frena y aplica fuerza mientras trabaja.

Por qué importa en piezas grandes

La tentación en piezas voluminosas suele ser comprar un robot de mayor alcance o montar varios robots alrededor de la pieza. Ambas opciones pueden funcionar, pero también aumentan el coste, el espacio ocupado y la complejidad de programación. Un sistema de ejes externos ofrece otra vía: mantener un robot industrial relativamente estándar y llevarlo a distintas zonas de trabajo.

En el caso mostrado por Güdel, la célula fue desarrollada por Titan Robotics para rectificar grandes conjuntos soldados de un fabricante importante de equipos todoterreno, según la información publicada por Robotics & Automation News. Es una pista relevante sobre el tipo de aplicación: no hablamos de pulir una pieza pequeña en una mesa, sino de estructuras soldadas con zonas amplias, cordones irregulares y acceso difícil.

Para el usuario final, el atractivo está en reducir manipulación y reposicionamientos. Si el robot puede recorrer la longitud de la pieza y ajustar su altura sin cambiar de estación, el proceso puede ser más repetible y menos dependiente de operarios expuestos a una tarea física, ruidosa y poco ergonómica. En sectores como maquinaria pesada, vehículos industriales o fabricación metálica, esa combinación de seguridad y consistencia suele pesar tanto como el ahorro directo de horas.

Una demo industrial, no una promesa cerrada

La noticia también conviene leerla con cautela. Güdel y sus socios enseñan una configuración concreta para una feria, no una receta universal para cualquier operación de acabado. La productividad real dependerá de la geometría de la pieza, el material, el abrasivo, la extracción de polvo, las barreras de seguridad, la programación de trayectorias y el control de fuerza. Ninguna de las fuentes públicas ofrece todavía métricas comparables de ciclo, coste por pieza o disponibilidad en producción.

Lo interesante es el enfoque de integración. En lugar de presentar la robótica de acabado como una función aislada del brazo, la solución desplaza parte del valor al sistema mecánico que posiciona el robot. Para talleres y fabricantes con piezas cada vez más grandes, esa lectura es práctica: la limitación no siempre está en el software o en la herramienta, sino en llevar el robot al punto correcto con rigidez suficiente.

Automate 2026 servirá para comprobar si Güdel consigue explicar ese argumento en una célula visible. Si lo hace, la noticia no será solo que un robot puede rectificar una pieza grande, sino que el mercado empieza a empaquetar mejor los ejes externos, la seguridad y el proceso para tareas de acabado que hasta ahora seguían siendo difíciles de automatizar.

Fuentes

Más artículos