La ciudad estadounidense de Hoboken pondrá a prueba 20 robots de reparto de Coco Robotics y Avride en un programa limitado que comenzará el 3 de septiembre. Durante doce meses, el ayuntamiento medirá qué ocurre cuando dos flotas comerciales comparten unas aceras densas con peatones, comercios y repartidores convencionales.
Diez robots de cada proveedor y una zona inicial pequeña
El programa anunciado por el Ayuntamiento de Hoboken arrancará con 10 unidades de Coco Robotics y 10 de Avride. La primera fase se limitará a una pequeña zona del First Ward, en el extremo sur de esta ciudad de Nueva Jersey, antes de una posible ampliación a otros barrios. El número de vehículos no podrá crecer sin autorización municipal.
La fecha prevista de lanzamiento es el 3 de septiembre de 2026. Los robots funcionarán los siete días de la semana, aunque inicialmente con un horario limitado. Personal local se ocupará del despliegue, la carga, el mantenimiento y la respuesta sobre el terreno. Por la noche, las unidades tendrán que retirarse de la vía pública, mientras que durante el día deberán estacionarse fuera de las zonas con mayor tránsito peatonal.
Hoboken ha fijado una velocidad máxima de 6 millas por hora —unos 9,7 km/h—, pero espera que la media ronde las 2 mph, equivalentes a 3,2 km/h. También habrá áreas de exclusión, incluidos parques y otros puntos que la ciudad considere inadecuados. Los vehículos deberán ceder el paso, detenerse o cambiar de ruta cuando la situación lo exija.
El servicio se integrará en las aplicaciones que ya utilizan residentes y restaurantes. DoorDash, Uber Eats y Grubhub/Wonder podrán ofrecer la entrega con Coco o Avride cuando el comercio y la dirección estén dentro de la zona habilitada. Tanto el negocio como el cliente conservarán la opción de rechazar el robot y utilizar otro método de reparto.
Sensores locales, asistencia remota y trabajo en la calle
Las dos plataformas combinan lidar, cámaras, sensores ultrasónicos y posicionamiento GPS para reconocer peatones, vehículos, animales y obstáculos. Esa lista de componentes no convierte el despliegue en una operación sin apoyo humano. La ciudad especifica que los Coco estarán bajo supervisión remota continua y que operadores formados podrán intervenir. Avride también mantiene un equipo de asistencia capaz de tomar el control ante situaciones extraordinarias, según la documentación técnica de su robot.
El vehículo de Avride está diseñado para circular a entre 5 y 8 km/h, transportar hasta 25 kg y recorrer hasta 50 km con una carga. Su fabricante declara una autonomía operativa de hasta 12 horas por batería, además de protección IP66 y capacidad para salvar obstáculos de unos 15 centímetros. Son especificaciones del proveedor, no resultados medidos todavía en Hoboken.
Coco aporta una flota con experiencia comercial en otras ciudades. La compañía afirma que sus robots han completado 500.000 entregas y recorrido un millón de millas sobre distintos terrenos. En Hoboken, sin embargo, lo relevante no será repetir esa cifra global, sino comprobar cuántas entregas pueden hacerse en el área autorizada, cuántas requieren intervención y qué efecto producen en aceras estrechas o congestionadas.
La privacidad forma parte de las condiciones comunicadas por el ayuntamiento. Las cámaras se usarán para navegación y seguridad, y las caras y matrículas deberán difuminarse automáticamente. La formulación municipal dice que no se registrará información personal, aunque el piloto tendrá que demostrar en la práctica cómo se aplica esa promesa durante la recopilación de datos operativos.
Un piloto que deberá producir datos, no solo entregas
La estructura del programa resulta más interesante que una simple expansión geográfica. Hoboken recibirá aproximadamente 6.000 dólares durante los doce meses y exigirá datos sobre entregas, distancia recorrida, emisiones evitadas y acceso peatonal. También recogerá opiniones de residentes, comercios y otros actores locales, además del historial de seguridad y el rendimiento en distintas estaciones del año.
Ese diseño permite contrastar varias afirmaciones habituales del reparto autónomo. Los operadores sostienen que los pequeños vehículos eléctricos pueden reducir viajes en coche, congestión y doble fila. El piloto todavía no demuestra ninguna de esas ventajas: tendrá que establecer qué trayectos sustituyen realmente, cuántos pedidos se desvían desde bicicletas o repartidores a pie y cómo afectan las máquinas al espacio público.
La operación tampoco será completamente autónoma en sentido laboral. Creará tareas locales de carga, mantenimiento, despliegue y respuesta de campo, a la vez que automatiza el desplazamiento de la comida entre el comercio y el cliente. Saber cuántas personas y cuántas intervenciones necesita cada flota será esencial para valorar su eficiencia real.
Al terminar el año, el ayuntamiento revisará el funcionamiento, la seguridad, los datos de infraestructura y la respuesta de la comunidad antes de decidir si amplía, modifica o cancela el servicio. Hasta entonces, Hoboken no es una validación a gran escala, sino una prueba acotada con dos proveedores, veinte robots y unas reglas que permiten comparar promesas con operación cotidiana.
