Rekise Marine ha cerrado una ronda de 9,7 millones de dólares para acelerar sus plataformas marítimas autónomas, con el foco puesto en Jalkapi, un submarino no tripulado de gran tamaño pensado para misiones navales de larga duración.
Un XLAUV indio con autonomía de semanas
La compañía, con base en Bengaluru, no está planteando un dron acuático ligero ni una boya sensorizada. En su web oficial, Rekise describe Jalkapi como el primer extra-large autonomous underwater vehicle de India: un submarino no tripulado diésel-eléctrico de 11 metros de eslora, 2 metros de diámetro y unas 20 toneladas de peso.
El dato más importante está en la autonomía. Rekise declara para Jalkapi una duración operativa de 30 a 45 días, con velocidad sostenida de 3 nudos, máxima de 8 nudos y profundidad de operación de hasta 300 metros. La energía combina baterías de ion-litio con un generador diésel autónomo para recarga durante la misión, una arquitectura que intenta resolver el problema central de los vehículos submarinos grandes: permanecer lejos de puerto sin depender de una nave de apoyo permanente.
La lista de misiones también sitúa el producto en un terreno claramente naval. Rekise habla de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, patrulla submarina encubierta, detección de amenazas de superficie, submarinas y aéreas, cartografía del lecho marino y contramedidas contra minas. No es una plataforma civil reconvertida, sino una familia de sistemas construida alrededor de necesidades de defensa y vigilancia marítima.
La ronda financia una familia completa
La operación, recogida por The Economic Times, fue liderada por Accel y NKSquared, la firma de inversión de Nikhil Kamath. También participaron Sameer Brij Verma, Sandeep Singhal, Industrial47, Singularity AMC, varios operadores fundadores, family offices y los propios fundadores de la empresa.
Según esa cobertura, el capital se dirigirá a ampliar el equipo de ingeniería y a avanzar en el desarrollo y las pruebas de Jalkapi, que se está construyendo dentro del programa iDEX ADITI de la Armada india. Rekise no ha publicado un calendario cerrado de entrega, pero su consejero delegado, Maitrai Maka, señaló a The Economic Times que espera iniciar actividades de campo para Jalkapi más adelante este año.
El interés técnico de Rekise está en que Jalkapi no aparece aislado. La empresa presenta una cartera escalonada: Jaldoot, una embarcación autónoma de superficie de 1,6 metros y unos 55 kg; Swadheen, un ASV de 5 metros y unas 250 kg para batimetría y operaciones portuarias; un MPAUV portátil de 50 kg para inspección, reconocimiento y detección de minas; y Jalkapi como plataforma de mayor tamaño.
Esa continuidad importa porque Rekise afirma desarrollar casco, subsistemas embarcados y software de autonomía de forma conjunta. La promesa no es solo construir un submarino grande, sino reutilizar una arquitectura común de mando, navegación, sensores y operación autónoma en vehículos que van desde 50 kg hasta 20 toneladas. Si funciona, la compañía puede iterar en plataformas pequeñas y trasladar parte del aprendizaje a sistemas mucho más caros y complejos.
Autonomía marítima con límites reales
El salto de escala no se debe leer como despliegue operativo garantizado. Jalkapi sigue en construcción y Rekise no ha publicado todavía resultados independientes de pruebas prolongadas en mar abierto, datos de firma acústica, resistencia a fallos, ciclos de mantenimiento, costes ni capacidades de producción. En submarinos autónomos, la diferencia entre una ficha técnica y una operación fiable durante semanas es enorme.
También hay matices políticos y de seguridad. Rekise trabaja en un sector sensible, vinculado a soberanía tecnológica, defensa naval y vigilancia. Su cofundador Rear Admiral Shekhar Mital, retirado, fue presidente y director general de Goa Shipyard Limited y dirigió el Submarine Design Group, lo que aporta experiencia institucional, pero también sitúa a la compañía en un entorno donde muchos detalles técnicos no serán públicos.
Aun así, el movimiento es relevante porque muestra cómo la robótica marina se está alejando del nicho experimental. La lógica que describe Rekise es la de flotas más numerosas, menos dependientes de tripulación y potencialmente más rápidas de fabricar que los buques tradicionales. Esa tesis no sustituye a las grandes plataformas navales, pero sí apunta a otra capa: vehículos no tripulados que puedan explorar, vigilar, mapear o actuar como sensores persistentes donde enviar personas resulta caro, lento o peligroso.
La pregunta clave para los próximos meses será si Jalkapi consigue pasar de plano técnico y construcción a pruebas de campo creíbles. Si Rekise logra validar autonomía, navegación, comunicación segura y recarga en misión en un XLAUV de este tamaño, India sumaría una pieza propia a una carrera submarina autónoma que ya ocupa a marinas, astilleros y startups de defensa en varios países.