Schaeffler ha validado un nuevo proceso de conformado para fabricar reductoras de onda destinadas a articulaciones de robots humanoides. La compañía asegura que puede producir componentes clave en segundos, reducir el consumo de material en más de un 75% y preparar el arranque de la fabricación en serie en Alemania para 2027.
De mecanizar cada diente a formar la pieza
Las reductoras de onda —también conocidas como strain wave gearboxes— permiten transmitir un par elevado con mucha reducción en un volumen pequeño. Esa combinación de compacidad, rigidez y precisión explica su presencia habitual en hombros, brazos y otras articulaciones donde el robot necesita moverse sin holguras apreciables.
El método industrial dominante parte de piezas que se mecanizan con gran precisión, retirando material hasta obtener la geometría del dentado. Funciona, pero exige tiempo, máquinas especializadas y bastante materia prima. Si los fabricantes de humanoides quieren pasar de decenas de prototipos a miles de unidades, cada robot multiplicará ese cuello de botella por el número de articulaciones.
La alternativa de Schaeffler consiste en conformar componentes esenciales, entre ellos la corona flexible o flex spline, mediante fuerzas de prensado elevadas. Según la información técnica difundida por la empresa y recogida por Robotics & Automation News, la geometría se obtiene en segundos en lugar de minutos. La compañía cifra la reducción del coste de fabricación de las piezas clave en más de un 25% y la del material empleado en más de un 75%.
Schaeffler afirma que las unidades formadas ya han superado sus ensayos de validación. También sostiene que alcanzan pares y eficiencias comparables a los de las piezas mecanizadas, aunque no ha publicado en el anuncio una tabla con valores de par nominal, vida útil, precisión, relación de reducción o tamaño. Esos datos serán necesarios para comparar cada referencia con productos comerciales ya asentados.
El coste del humanoide también se juega en la fábrica
El avance no añade una habilidad visible al robot, pero ataca una parte decisiva de su economía. Schaeffler calcula que los actuadores representan aproximadamente la mitad del coste de fabricación de un humanoide. Dentro de cada actuador conviven motor, electrónica, encoder, rodamientos, sensores y reductora; abaratar uno de esos elementos sin perder rendimiento puede tener efecto en todas las articulaciones de una máquina.
La empresa no empieza desde cero. Ha fabricado más de dos millones de reductoras formadas para automoción durante la última década y pretende trasladar esa experiencia a robótica. La diferencia está en las tolerancias y condiciones de uso: una articulación de humanoide combina cambios de sentido, movimientos finos y cargas variables, por lo que la repetibilidad del proceso será tan importante como su velocidad.
El nuevo método encaja con la estrategia que Schaeffler viene construyendo alrededor de los humanoides. Su cartera oficial de componentes incluye reductoras, actuadores rotativos y lineales, rodamientos, motores, electrónica y sensores. En enero, además, la compañía acordó con la británica Humanoid desarrollar y suministrar actuadores de onda y probar robots dentro de su propia red de producción.
Esta integración vertical ofrece una ventaja práctica: Schaeffler puede diseñar la reductora pensando en el actuador completo y, a la vez, observar cómo responde el conjunto en tareas industriales. No significa que exista una arquitectura universal. Los fabricantes todavía reparten sus articulaciones entre reductoras de onda, planetarias y cicloidales según el par, la eficiencia, la resistencia a impactos y la capacidad de retroceso que necesiten.
Validación superada, producción aún pendiente
La novedad debe leerse como un paso de industrialización, no como una línea de gran volumen ya operativa. Schaeffler prevé comenzar la producción en Alemania en 2027 y extenderla después a otras regiones, pero no ha detallado capacidad anual, clientes, precios ni el tamaño de la primera familia comercial.
Tampoco basta con reducir el tiempo de conformado. La producción deberá mantener tolerancias muy estrechas entre lotes, controlar tratamientos y superficies, ensamblar la corona flexible con el resto del mecanismo y demostrar durabilidad bajo ciclos prolongados. Una pieza obtenida más rápido solo abarata el robot si el rendimiento final se conserva durante toda su vida útil.
Con esas cautelas, la noticia señala dónde se libra una parte menos vistosa de la carrera humanoide. Los modelos de IA y las demostraciones acaparan atención, pero la escala dependerá también de procesos capaces de fabricar miles de articulaciones precisas con menos operaciones, menos desperdicio y una calidad repetible.
