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LaGuardia pone robots de inspección y limpieza en la Terminal B

ABM prueba en LaGuardia un cuadrúpedo para inspección y robots autónomos de limpieza, conectados a la operación diaria de la Terminal B.

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LaGuardia pone robots de inspección y limpieza en la Terminal B

ABM y LaGuardia Gateway Partners han puesto en marcha un piloto con tres tipos de robots en la Terminal B del aeropuerto neoyorquino de LaGuardia: un cuadrúpedo para inspección, una fregadora autónoma y un aspirador autónomo. No es una demostración aislada en una feria, sino una prueba dentro de una terminal abierta al público y conectada a su operación diaria.

Un cuadrúpedo para medir el ambiente, no para vigilar pasajeros

La máquina más visible del programa es un robot de cuatro patas con ruedas en sus extremos, operado en colaboración con Skild AI. El anuncio oficial de ABM lo presenta como una plataforma de inspección que apoyará al personal encargado de mantener la terminal segura y limpia.

La función concreta es menos espectacular y más útil de lo que su aspecto sugiere. Según la prueba observada por Fast Company, el robot recorre zonas como la recogida de equipajes midiendo partículas, temperatura, humedad, compuestos orgánicos volátiles y óxidos de nitrógeno. También puede detectar papeleras llenas y enviar avisos al equipo de mantenimiento.

Mover los sensores permite recoger datos cerca de donde están los pasajeros, en vez de limitarse a las mediciones de los conductos situados en el techo. Ese es el argumento operativo de ABM: convertir una plataforma móvil en un punto de observación que cambia de ubicación y puede relacionar cada lectura con una zona precisa del edificio.

El robot dispone de cámaras y transmite información a un ordenador, una combinación que obliga a aclarar su uso. ABM sostiene que no está desplegado como sistema de seguridad ni para identificar personas. Aun así, la presencia de una cámara móvil en un aeropuerto plantea preguntas razonables sobre qué imágenes se guardan, durante cuánto tiempo y quién puede acceder a ellas. La compañía no ha publicado en el anuncio una política específica de retención de esos datos.

También hay límites físicos sencillos. Si una persona se acerca demasiado, la máquina se detiene dentro de un radio de seguridad. Su posición se monitoriza en tiempo real, algo importante en un espacio con niños, equipajes, colas y cambios constantes de flujo. La prueba tendrá que demostrar que esas paradas no convierten al robot en un obstáculo ni degradan la frecuencia de las inspecciones.

Fregadoras y aspiradores autónomos para las tareas repetitivas

El resto de la flota procede de CenoBots. ABM ha incorporado fregadoras con navegación mediante LiDAR 3D y mapeo inteligente, junto con aspiradores capaces de recoger polvo fino y residuos de mayor tamaño. Estos equipos trabajan en zonas de mucho tránsito, incluidas las pasarelas de embarque, y regresan a recargarse sin intervención manual.

Las fregadoras pueden operar durante hasta seis horas de forma autónoma, de acuerdo con ABM. El objetivo no es eliminar el equipo humano de limpieza, sino aumentar la frecuencia de las pasadas y trasladar a los trabajadores hacia incidencias, detalles y atención a pasajeros. La propuesta tiene sentido en una terminal que funciona casi todo el día y donde una superficie recién limpiada vuelve a recibir miles de pisadas en poco tiempo.

Los robots se integran con la capa digital ABM Connect for Aviation, que ya reúne datos de sensores, actividad y operaciones de la terminal. Fast Company explica que la flota comparte una plataforma desde la que el personal puede ver ubicación, rendimiento y solicitudes de ayuda. A largo plazo, ABM quiere llevar esa supervisión a la sala que coordina llegadas, salidas y logística junto al control de seguridad.

Esa integración es más relevante que cada robot por separado. Una fregadora autónoma aporta poco si se queda bloqueada, trabaja cuando una puerta de embarque está llena o no comunica una avería. Conectarla a los flujos del aeropuerto permite programar rutas según el uso real, comparar resultados y enviar a una persona cuando aparece una excepción.

El piloto aún tiene que demostrar fiabilidad y retorno

ABM no ha comunicado cuánto cuestan los robots, cuánto dura el piloto ni qué métricas decidirán su continuidad. La compañía habla de retorno medible, pero todavía no ofrece datos de superficie limpiada, reducción de incidencias, horas liberadas, disponibilidad o ahorro. Por ahora es una evaluación operativa, no un despliegue comercial consolidado.

Al finalizar la prueba, el equipo decidirá si conserva las unidades actuales, amplía la flota o traslada el modelo a otros aeropuertos. La Terminal B es un banco exigente: mezcla zonas amplias con pasillos estrechos, equipaje inesperado, pasajeros distraídos y horarios que dejan pocas ventanas para intervenir manualmente.

Precisamente por eso el piloto importa. La robótica de servicio suele enseñarse en espacios preparados, mientras que LaGuardia obliga a convivir con el desorden normal de una infraestructura pública. Si los equipos mantienen rutas, evitan interrupciones y generan datos que mejoran la operación, ABM habrá validado algo más útil que un robot llamativo: una flota heterogénea capaz de encajar en el trabajo cotidiano de un aeropuerto.

Fuentes

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