Blue Water Autonomy ha sido seleccionada por la Oficina Oceanográfica Naval de Estados Unidos para realizar campañas de cartografía del fondo marino con buques de superficie no tripulados. El acuerdo abre una aplicación concreta para la autonomía de largo alcance: pasar meses recopilando datos lejos de la costa sin mantener una tripulación a bordo.
Un contrato para medir el Índico y el Pacífico
La selección forma parte de un contrato de adjudicación múltiple y entrega indefinida, conocido como IDIQ. Según la información publicada por The Robot Report, el programa tiene un techo conjunto de 40 millones de dólares y Blue Water competirá por órdenes de trabajo con las demás empresas elegidas. Esa cifra no equivale, por tanto, a ingresos ya garantizados para la compañía.
El cliente es NAVOCEANO, el organismo de la Marina estadounidense encargado de recoger y analizar información oceanográfica. Las futuras misiones se concentrarán en los océanos Índico y Pacífico, donde un levantamiento puede obligar a recorrer cientos o miles de millas náuticas antes de empezar siquiera a medir una zona.
La cartografía del fondo no solo produce mapas. También caracteriza el relieve, la acústica y las condiciones cambiantes del entorno marino, información necesaria para planificar navegación y operaciones. Automatizar la plataforma de superficie permite dedicar el volumen que normalmente ocuparían camarotes, cocina, agua y otros sistemas de habitabilidad a combustible, sensores o carga útil, además de reducir la exposición de personal en campañas prolongadas.
La compañía no ha detallado todavía cuántos buques participarán, cuándo comenzará la primera campaña ni qué sensores empleará en cada orden. Tampoco ha confirmado que el contrato vaya a ejecutarse específicamente con su diseño Liberty Class. Lo comprobado por ahora es la entrada de Blue Water en el grupo de proveedores que podrá competir por esos trabajos.
Liberty Class muestra la escala de la plataforma
El principal buque que Blue Water presenta públicamente es Liberty Class, una plataforma de superficie no tripulada concebida desde el casco para misiones oceánicas largas. La ficha oficial actual le atribuye 67,70 metros de eslora, 810 toneladas métricas de desplazamiento, una velocidad de 25 nudos y 10.700 millas náuticas de alcance.
Su cubierta admite seis contenedores de 40 pies y la empresa afirma que el sistema puede permanecer en misión durante dos o tres meses. Blue Water denomina «nivel IV» a su arquitectura de autonomía, que integra navegación y gestión de la sala de máquinas. En un buque sin tripulación, esa segunda parte resulta tan importante como gobernar el rumbo: propulsión, energía y averías deben tolerar fallos o activar respuestas remotas sin un mecánico a bordo.
El diseño parte de la familia Stan Patrol 6009 de Damen y utiliza un casco de acero con proa Axe Bow. Blue Water anunció en febrero que la construcción se realizaría en Conrad Shipyard, Luisiana, apoyándose en una cadena de más de 100 proveedores. La presentación inicial distribuida por la propia empresa hablaba de completar el primer buque para la Marina en 2026 y después escalar hacia una producción de 10 a 20 unidades anuales.
Hay un matiz documental: aquel anuncio describía un buque de 190 pies, mientras que la web actual muestra 67,70 metros, unos 222 pies. La compañía no explica en esas páginas si la diferencia responde a una evolución del diseño o a otra convención de medida. Por eso conviene usar las especificaciones actuales como referencia y no asumir que el barco en construcción conserva exactamente las dimensiones anunciadas en febrero.
De construir un buque a sostener una campaña
El contrato de NAVOCEANO es una señal comercial relevante porque asigna al sistema una tarea medible, pero aún no demuestra una campaña autónoma completada. Blue Water fue fundada en 2024 y su primer Liberty Class continúa dentro del calendario de construcción comunicado para este año. Entre una plataforma diseñada para cruzar el Pacífico y una operación mantenida durante meses quedan pruebas de mar, integración de sensores, comunicaciones, supervisión remota y mantenimiento.
También importa separar autonomía de ausencia total de intervención. Un buque puede navegar y gestionar muchos fallos sin personas a bordo, pero seguirá dependiendo de planificación, seguimiento desde tierra y procedimientos para situaciones fuera de diseño. El valor del programa estará en comprobar si esa combinación amplía la cobertura oceanográfica a menor coste sin degradar la calidad de los datos ni trasladar riesgos a otras partes de la operación.
Si las primeras órdenes llegan y las campañas funcionan, Blue Water habrá conectado dos piezas que a menudo avanzan por separado: un buque autónomo pensado para fabricación en serie y una misión recurrente con presupuesto público. Por ahora, la selección permite competir; las órdenes concretas y los resultados en el mar dirán cuánto de esa capacidad pasa del diseño a la operación.
