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Robots serpiente de CMU buscan entre los escombros de Venezuela

Carnegie Mellon despliega robots serpiente con cámara en edificios derrumbados de Venezuela para ampliar el alcance de los equipos de rescate.

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Robots serpiente de CMU buscan entre los escombros de Venezuela

Un equipo de Carnegie Mellon University (CMU) ha llevado sus robots serpiente a edificios derrumbados de Venezuela para introducir cámaras en huecos inaccesibles o demasiado peligrosos para los rescatistas. La misión no encontró supervivientes, pero permitió inspeccionar zonas concretas y descartar posibles ubicaciones sin exponer a una persona a una estructura inestable.

Una cámara articulada dentro del derrumbe

Los robots salieron del Biorobotics Lab del Robotics Institute de CMU tras los dos terremotos que golpearon el norte de Venezuela el 24 de junio. El equipo trabajó en La Guaira junto a las cruces rojas venezolana y colombiana, el grupo mexicano de rescate Topos y voluntarios internacionales durante tres días, del 30 de junio al 3 de julio.

El sistema tiene una serie de módulos motorizados unidos por articulaciones. Al coordinar esos segmentos, puede cambiar de forma, superar fragmentos de hormigón, rodear obstáculos y avanzar por aberturas estrechas. En la parte delantera lleva una cámara reforzada e iluminación para enviar vídeo en directo desde cavidades que una cámara montada sobre una pértiga no alcanza.

La información publicada por Carnegie Mellon sitúa el valor del robot precisamente en esa geometría. Su sección estrecha y su cuerpo largo permiten repartir los apoyos entre distintos puntos del escombro mientras la cabeza explora más adentro. Un vehículo con ruedas u orugas necesita una superficie más continua y espacio para maniobrar; la serpiente puede ajustarse a pasos irregulares, barras de acero y giros cerrados.

Eso no significa que la máquina actuase de forma autónoma. Durante esta misión fue teleoperada: un especialista observaba el vídeo y dirigía el cuerpo del robot en coordinación con los rescatistas, que elegían los lugares de interés según testimonios, información estructural u otros indicios. Se desplegaba un robot cada vez para búsquedas dirigidas, no para cartografiar de manera automática una manzana completa.

No encontrar a nadie también aporta información

El equipo de CMU inspeccionó varios emplazamientos y no localizó supervivientes. Es un resultado que conviene contar sin exagerarlo: los robots no realizaron un rescate ni demostraron que puedan sustituir a los equipos humanos. Su aportación fue extender la visión de los especialistas y ayudar a determinar que en ciertos huecos no había una persona atrapada.

En una emergencia, esa información negativa también tiene valor operativo. Permite cerrar una hipótesis, tranquilizar a familiares que esperan junto a los restos y concentrar perros, cámaras, personal y maquinaria en otros puntos. La Association for Advancing Automation explica que el vídeo se veía conjuntamente desde el exterior para decidir el siguiente movimiento, manteniendo la interpretación y la prioridad de búsqueda en manos del equipo de rescate.

La misión recupera además una experiencia previa. CMU ya había enviado un robot serpiente al terremoto de Ciudad de México de 2017, cuando obtuvo imágenes en dos recorridos por un edificio colapsado. Aquella fue su primera intervención en un desastre real y dejó una lección que reaparece en Venezuela: una locomoción capaz en el laboratorio no basta si el sistema no puede transportarse deprisa, alimentarse con los medios disponibles y repararse junto a los escombros.

El límite no estaba solo en la locomoción

El despliegue venezolano expuso fallos de equipo, condiciones cambiantes, problemas logísticos y barreras de idioma. Los investigadores tuvieron que efectuar reparaciones durante las búsquedas y planificar la energía disponible. CMU señala que su personal preparó robots, cámaras, protecciones, herramientas y repuestos con muy poco margen antes del viaje.

Esos detalles son más importantes que una demostración vistosa. Un robot de rescate debe llegar a tiempo, soportar polvo y golpes, mantener el enlace de vídeo y poder recuperarse si queda atrapado. También tiene que integrarse en una cadena de mando donde ya conviven unidades caninas, dispositivos de escucha, cámaras, drones y especialistas en estructuras. La serpiente no reemplaza esas herramientas: cubre el intervalo entre el alcance de una cámara convencional y el riesgo de enviar a una persona.

El sistema puede incorporar más sensores y niveles superiores de autonomía, pero CMU priorizó aquí una cámara, luz y control remoto por fiabilidad. Esa decisión delimita bien lo demostrado. El robot sí entró en estructuras reales y devolvió imágenes útiles; no identificó víctimas por sí mismo, no decidió dónde buscar y no eliminó las dificultades de comunicaciones o mantenimiento.

La siguiente mejora relevante no será simplemente avanzar más metros. Será convertir el conjunto en una herramienta que los primeros intervinientes puedan transportar, reparar y operar con poca energía y comunicaciones limitadas. Venezuela confirma que la forma serpentina abre pasos que otras máquinas no pueden utilizar, pero también que la robótica de emergencia se juega tanto en la preparación logística como en las articulaciones.

Fuentes

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