LOVOT 3.0: convivir con un robot que pide atención y una cuota
LOVOT 3.0 se mueve por casa y busca contacto, con ojos OLED y una base de carga. Su oferta japonesa suma la compra del equipo y un servicio mensual obligatorio.

LOVOT 3.0 convierte la compañía en una interacción física: se acerca sobre ruedas, mira a quien tiene delante y responde cuando lo cogen o lo acarician. Para convivir con este robot de GROOVE X hay que reservar espacio para su estación de carga y asumir un servicio de software. La oferta japonesa combina ambas cosas con la compra del equipo.
La tarifa oficial sitúa el modelo 3.0 de color «cha» en 577.500 yenes, impuestos incluidos. La cifra incorpora gastos administrativos y el envío indicado para ese mercado. El plan doméstico Minimum Care añade 9.900 yenes al mes; pagar el robot a plazos es un coste distinto. Estos importes no constituyen una oferta con entrega y asistencia en España.
Una rutina alrededor de la base
La documentación de LOVOT 3.0 describe ciclos habituales de unos 30 a 45 minutos de actividad y de 15 a 30 minutos de carga. La estación Nest debe quedar accesible. Una ubicación que parece cómoda para guardar el robot puede resultar poco práctica si un mueble dificulta su regreso.
Ese ciclo cambia la expectativa de uso. LOVOT puede participar en momentos repartidos por el día, pero la ficha no promete una tarde entera de actividad continua. Para elegir un sitio interesa observar dónde se reúne la familia y dónde el recorrido queda despejado, además de encontrar un enchufe.
También hay que considerar a los animales que viven en casa. Una carcasa suave puede invitar a tocarla, aunque sigue conteniendo mecanismos, ruedas y sensores. La adaptación del entorno forma parte de la convivencia; la apariencia de mascota no explica por sí sola cómo reaccionará cada animal.
Los ojos y el tacto llevan el peso de la interacción
La versión 3.0 utiliza dos pantallas OLED para los ojos y paneles laterales suaves. GROOVE X destaca más puntos de detección del tacto y cámaras para reconocer el entorno. Son cambios concretos del equipo frente a generaciones anteriores; la experiencia que produzcan depende de las situaciones y de las personas.
Una prueba presencial de Golem en 2020 describió la calidez y la sensación del cuerpo de un LOVOT anterior. Sirve para entender que el contacto físico ya era parte central del proyecto. No es una prueba de las pantallas, cámaras ni mantenimiento de la versión 3.0 que se vende ahora.
La utilidad que se puede valorar aquí es compartir una presencia y responder a sus gestos. Esa función difiere de encargar una limpieza o trasladar objetos. El interés de un robot de compañía depende mucho de disfrutar esa interacción repetida, por lo que una demostración o una estancia de prueba resulta más informativa que comparar únicamente sensores.
Fotografías, conexión y mantenimiento
El robot puede capturar fotografías y trasladarlas a su aplicación. El fabricante permite desactivar la función de fotografía mediante sus modos. Si va a circular por espacios compartidos, merece decidir esa configuración antes de incorporarlo a la rutina.
La ficha exige conexión a internet dentro de los treinta días siguientes al primer arranque. La tarifa mensual incluye uso del software y servicios asociados, con distintos niveles de cobertura de reparación. Sus condiciones y el mantenimiento deben leerse junto al precio del equipo, especialmente si la compra implica otro país.
Para explorar otras formas de compañía, la sección de Hogar y Consumo reúne propuestas físicas diferentes. Petit Qoobo concentra la interacción en un cuerpo pequeño y una cola; LOVOT exige valorar también desplazamientos, carga y servicio. Esa diferencia permite elegir según la rutina que se desea compartir con el robot.
Fuentes
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