La Marina de Corea del Sur ha sentado a un humanoide ante el timón de un simulador de puente. PIBOT, desarrollado por KAIST, interpretó órdenes verbales, las repitió para confirmarlas y actuó sobre los controles como lo haría un marinero.
De piloto de avión a timonel de un destructor
La prueba se realizó el 23 de julio en el centro de entrenamiento de la Marina en Changwon. Un oficial del destructor Aegis Seoae Ryu Seong-ryong dio a PIBOT una orden para virar a babor y mantener un rumbo concreto. El robot confirmó la instrucción, giró el timón con el brazo instalado en el centro de su torso y comunicó que había completado la maniobra.
No ocurrió a bordo del destructor, sino en un simulador que reproduce su puente y el comportamiento de un buque de 7.600 toneladas. Esa distinción es importante: Corea del Sur ha demostrado una secuencia completa de comunicación y control en tierra, pero todavía no ha confiado la navegación de un barco real al humanoide.
Según la cobertura de Yonhap sobre el experimento, el equipo sometió al robot a navegación por pasos estrechos, condiciones nocturnas y mala mar. En una simulación con olas de seis metros, PIBOT aumentó la frecuencia de sus correcciones para conservar el rumbo. Al tratarse de un modelo inicial, necesitó entre cinco y diez segundos para responder a algunas órdenes.
El robot emplea un modelo de lenguaje para comprender la terminología naval y los procedimientos asociados a cada instrucción. La repetición de la orden no es un detalle teatral: reproduce el protocolo con el que un timonel humano confirma que ha entendido correctamente al oficial de guardia antes de actuar.
Una prueba en cuatro etapas, no un despliegue
La Marina y el Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea, KAIST, plantean el programa en cuatro fases. La primera es este ensayo terrestre. Si el análisis de tiempos de respuesta, precisión y facilidad de uso resulta favorable, PIBOT pasará a una embarcación atracada. Después llegarían pruebas diurnas en mar abierto y, por último, navegaciones prolongadas de día y de noche.
Ese calendario muestra tanto la ambición como la distancia que queda por recorrer. En el simulador, el equipo puede repetir un escenario sin poner en riesgo un buque o su tripulación. En el mar aparecerán vibraciones, movimientos imprevisibles, ruido, comunicaciones imperfectas y consecuencias más serias ante un error de interpretación o un fallo mecánico.
El proyecto comenzó en 2022 con una financiación pública de 5.700 millones de wones —unos 4,1 millones de dólares al cambio citado por la prensa surcoreana— canalizada a través del programa de tecnologías de defensa de futuro. También encaja en Navy Sea GHOST, la estrategia del país para combinar plataformas tripuladas y no tripuladas.
PIBOT no nació como robot naval. El proyecto original de KAIST buscaba crear un piloto humanoide capaz de leer manuales, interpretar el estado de una cabina y accionar mandos diseñados para personas sin modificar el vehículo. El equipo ya había probado en simulación operaciones de aviación desde el arranque y el rodaje hasta el despegue, el vuelo y el aterrizaje. Llevar esa arquitectura a un puente naval pone a prueba la idea central del sistema: usar un cuerpo robótico para operar equipos existentes en vez de automatizar por completo cada plataforma.
Lo que falta por demostrar
El ensayo no convierte a PIBOT en capitán ni en un sistema de navegación autónoma. El humanoide ejecuta órdenes de un oficial y ocupa una función concreta, la de timonel. Tampoco hay resultados publicados que permitan comparar su precisión, velocidad o tasa de errores con las de una tripulación humana.
Su posible utilidad está en asumir tareas repetitivas dentro de buques concebidos para personas. Corea del Sur vincula esta línea de trabajo con la reducción de la población en edad militar, pero sustituir puestos a bordo exige algo más que mover correctamente un mando: el sistema tendrá que ser seguro durante turnos largos, tolerar fallos y responder de forma previsible cuando una orden sea ambigua.
La prueba de Changwon es, por tanto, un primer paso bien delimitado. Ha llevado a PIBOT desde la demostración de laboratorio a un entorno naval representativo y ha generado datos para decidir si puede subir a un barco. La siguiente fase, con el robot operando en una embarcación atracada, será la que empiece a separar una interfaz física prometedora de un futuro tripulante robótico.