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Industria y Logística

Aitu prueba AI Jenny en fábricas textiles con un 97% de acierto

Aitu lleva su humanoide AI Jenny a pruebas de producción textil, donde separa, coloca y alinea tejidos con un 97% de acierto en tareas acotadas.

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Aitu prueba AI Jenny en fábricas textiles con un 97% de acierto

Aitu está probando su humanoide textil AI Jenny en fábricas chinas para separar capas de tejido, recoger piezas, colocarlas y alinearlas antes de coser. El dato relevante no es que el robot pueda manipular tela en una demostración, sino que ya trabaja en procesos acotados de fabricantes como Sunrise Group, Eifini y Chenfeng Group.

Un humanoide para la parte difícil de automatizar

La confección lleva décadas automatizando el corte y algunas operaciones de costura, pero el material flexible sigue siendo un obstáculo. Una pieza de tela cambia de forma al cogerla, puede adherirse a otra capa y exige ajustar la fuerza para no deformarla. Es un problema distinto al de manipular una caja o una pieza metálica rígida.

Según el reportaje publicado por Xinhua el 24 de julio, los robots de Aitu han alcanzado un 97% de éxito al separar piezas de una misma categoría y tipo de tejido. Más del 98% del trabajo de costura resultante cumplió los criterios de calidad. La compañía calcula que, con esa eficiencia, la inversión podría recuperarse en unos 18 meses.

Conviene acotar esas cifras. No describen una fábrica autónoma ni la capacidad de manejar cualquier prenda. Corresponden a un producto y un tejido determinados, dentro de tareas repetidas y preparadas. Aitu reconoce que sus máquinas aún no pueden completar por sí solas todo el flujo de producción.

Los trabajos actuales se concentran en cargar y descargar tela en máquinas de costura mediante plantilla, colocar material en equipos para coser bolsillos y mover piezas cortadas hacia prensas de fusión. Son estaciones concretas donde el robot puede medirse por tasa de acierto, tiempo de ciclo y calidad final.

AI Jenny combina visión, tacto y una base móvil

La ficha oficial de AI Jenny describe un robot humanoide diseñado específicamente para fábricas de ropa. En lugar de unas piernas bípedas, utiliza una base móvil para desplazarse entre máquinas, estanterías y mesas de trabajo. Mantiene un torso y dos brazos porque las estaciones ya están organizadas para operarios humanos y exigen alcance y manipulación a distintas alturas.

Aitu afirma que el sistema integra un modelo VLA —visión, lenguaje y acción— especializado en costura, percepción visual y un efector final adaptable con tacto. La combinación busca reconocer la tela, regular el agarre y colocarla sin daños. Para el posicionamiento guiado por visión, la empresa declara una precisión de ±0,5 milímetros.

La arquitectura responde a una necesidad práctica: cambiar de referencia sin reprogramar desde cero cada movimiento. Las fábricas de confección suelen trabajar con lotes más pequeños, más variantes y tejidos que se comportan de forma distinta. Aitu promete cambios de estilo en segundos y adaptación entre materiales, aunque no publica todavía resultados comparables para una gama amplia de grosores, texturas y prendas.

El paso a producción tiene antecedentes. En IROS 2025, la empresa mostró al robot trabajando con una máquina de plantilla de Jack en un proceso de costura autónoma. También mantiene una colaboración con Chenfeng para desarrollar humanoides, armarios inteligentes y gemelos digitales aplicados a fabricación. Las pruebas citadas ahora trasladan parte de esa propuesta desde el stand a instalaciones textiles.

La prueba real empieza con cada tejido nuevo

El resultado del 97% es suficientemente concreto para seguir la evolución del proyecto, pero también señala lo que falta. En una línea industrial, un fallo cada treinta operaciones puede ser demasiado si obliga a detener la máquina, recuperar la tela o revisar la calidad. El retorno de 18 meses es una estimación de Aitu y no viene acompañado de precio, horas de intervención humana, coste de mantenimiento o disponibilidad durante turnos completos.

La generalización será la prueba decisiva. Un robot entrenado con algodón de un grosor concreto puede perder precisión con denim, tejido elástico, materiales reflectantes o piezas arrugadas. Polvo, iluminación, desgaste del efector y temperatura también pueden alterar la percepción y el agarre durante una jornada.

Por eso la historia de AI Jenny importa menos como carrera de humanoides y más como automatización de un cuello de botella específico. Aitu no está sustituyendo una línea de confección completa: está intentando convertir la manipulación de tejido en una operación repetible y medible. Si mantiene calidad al cambiar de prenda y material, habrá resuelto una tarea industrial difícil. Hasta entonces, lo que existe es un despliegue en pruebas con resultados prometedores, no una fábrica sin personas.

Fuentes

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