Siléane ha integrado cuatro sensores de fuerza de HBK directamente en una pinza robótica para comprobar, durante cada ciclo, si el agarre de bandejas termoformadas es correcto. El sistema ya se ha desarrollado para un fabricante internacional de cosmética, aunque las empresas no han revelado su identidad.
Cuatro mediciones en la propia pinza
El problema no es mover una bandeja de un punto a otro, sino hacerlo deprisa sin deformar una pieza ligera y flexible. En una línea de packaging, una presión mal repartida puede provocar que el producto se desplace, que la bandeja se doble o que el defecto continúe hasta una fase posterior del proceso.
La solución desarrollada por Siléane coloca cuatro células de carga PW22i, una en cada punto de contacto del útil. Según la descripción técnica publicada por HBK, los sensores miden en tiempo real la fuerza aplicada y permiten validar la calidad del agarre en el mismo lugar donde se produce. La pinza deja así de limitarse a ejecutar una trayectoria: también obtiene una señal física sobre cómo está sujetando la pieza.
Ese planteamiento evita añadir una estación de inspección separada únicamente para comprobar la manipulación. Si una de las cuatro lecturas se desvía, el control de la célula puede detectar que el contacto no está equilibrado y reaccionar antes de que la bandeja avance. HBK sostiene que el sistema reduce rechazos y deformaciones, pero no ha publicado el número de ciclos ensayados, la tasa previa de defectos ni el ahorro conseguido.
Las PW22i se comunican mediante IO-Link, un protocolo industrial que transporta tanto la medida como información de diagnóstico y configuración. La ficha oficial del sensor ofrece capacidades máximas de 10, 20 o 50 kg, precisión C3, protección IP67 y conexión M12 de cuatro pines. Son especificaciones de la familia de producto; HBK no detalla qué rango concreto se eligió para esta aplicación.
Del pesaje dinámico al control del contacto
La PW22 original nació para procesos de pesaje dinámico, como el control de peso y el llenado a alta velocidad. En su versión PW22i, la electrónica y la comunicación digital quedan integradas en la célula. Aquí la novedad no está en inventar un sensor táctil desde cero, sino en reutilizar una tecnología industrial calibrada para convertir la fuerza de agarre en una variable disponible para el control de la máquina.
Es una forma práctica de añadir tacto a una instalación que ya depende de visión y de trayectorias programadas. Una cámara puede localizar una bandeja y comprobar su geometría visible, pero no mide directamente si cada dedo está ejerciendo la presión esperada. La posición del robot tampoco garantiza por sí sola que una pieza flexible haya quedado bien sujeta. La fuerza aporta esa capa que falta entre ver el objeto y saber qué está ocurriendo en el contacto.
Siléane trabaja precisamente en automatización de gestos que cambian según el producto. Su gama de pick and place Flowpick, por ejemplo, se orienta a flujos aleatorios y artículos frágiles, con trayectorias que se adaptan en tiempo real. La compañía no identifica la célula cosmética anunciada como una Flowpick, pero el proyecto encaja con su especialización en visión, manipulación y packaging de piezas de comportamiento variable.
La conexión IO-Link también importa para la industrialización. Al utilizar cableado y maestros estándar, las lecturas pueden integrarse en arquitecturas de automatización existentes, junto con diagnósticos y parámetros del sensor. Eso simplifica el despliegue frente a una cadena de medida analógica separada, aunque el anuncio no especifica el controlador, el robot ni el software empleados en la instalación final.
Un despliegue real con datos todavía limitados
El caso tiene más valor que una demostración de laboratorio porque responde a una necesidad concreta de un cliente y a un tipo de pieza definido: bandejas termoformadas para una línea cosmética de alta cadencia. También muestra una vía de evolución para el packaging robotizado que no exige sustituir todo el sistema, sino instrumentar el efector final y cerrar el bucle con datos de fuerza.
Conviene, sin embargo, acotar lo demostrado. HBK y Siléane hablan de validación del agarre sin ralentizar la producción, menor cableado y tiempos de puesta en marcha más cortos, pero no ofrecen cifras comparables ni información sobre cuánto tiempo lleva operando la célula. Tampoco sabemos si se trata de una única instalación o de un diseño listo para replicarse en otras plantas.
La lectura relevante es más modesta y también más útil: en tareas rápidas con envases deformables, la repetibilidad geométrica del robot ya no basta. Medir el contacto en cada ciclo permite convertir una manipulación que antes era esencialmente abierta en un proceso supervisado por la propia pinza. El siguiente paso será demostrar, con datos de producción, cuánto reduce realmente los defectos y con qué facilidad puede trasladarse a otros formatos.