La integradora española Timpolot ha automatizado una tarea hasta ahora manual en la producción de jamón serrano: insertar la etiqueta de trazabilidad sin que la aguja golpee el hueso. La solución combina visión por computador, IA y un robot Stäubli TS2-80 HE en una línea que ya trabaja para un productor real.
Una etiqueta distinta para cada pieza
El etiquetado parece un paso pequeño frente a los meses de secado y curación, pero acompaña a cada jamón durante todo el proceso. La identificación registra datos como lote y fecha para seguir la pieza a través de las distintas cámaras. Un productor mediano puede manejar más de 5.000 jamones por jornada, según el caso de éxito publicado por Stäubli.
La dificultad está en que el producto no tiene una geometría uniforme. Hasta el 40 % del peso puede corresponder al hueso y su posición cambia de una pieza a otra. El portaetiquetas se introduce mediante una aguja, de modo que elegir mal el punto puede romperla, detener la línea o dejar la pieza sin identificar. Una trayectoria fija no basta.
Timpolot, con sede en Olot, ha resuelto el problema con una cámara que observa los jamones colocados aleatoriamente sobre una cinta. El software localiza cada pieza y calcula un punto de inserción que evite el hueso. Mientras una impresora prepara la etiqueta de plástico, el robot la recoge con un aplicador neumático y sigue las coordenadas recibidas para clavarla en la zona elegida.
El resultado es una automatización adaptativa, pero acotada. La IA no dirige toda la fábrica ni decide cómo curar el producto: interviene en una percepción muy concreta, allí donde la variabilidad natural impedía repetir siempre el mismo movimiento. Esa delimitación ayuda a entender por qué el caso tiene valor industrial. El sistema no intenta sustituir el conocimiento completo del proceso, sino convertir una decisión visual repetitiva en una acción robótica verificable.
Cuatro segundos para etiquetar un jamón
La primera instalación ya opera en un productor importante que Stäubli no identifica. La compañía declara una cadencia sostenida de 750 piezas por hora, con picos de 900, lo que equivale a un ciclo de unos cuatro segundos. También cifra el volumen diario procesado entre 150.000 y 180.000 kilogramos de jamón. Son métricas comunicadas por el proveedor y el integrador, no una auditoría independiente, pero corresponden a una línea en producción y no a una demostración de feria.
La arquitectura separa claramente percepción, lógica y movimiento. La cámara envía las imágenes a un PC que ejecuta el software desarrollado por Timpolot. Allí se combinan funciones tradicionales de visión con el análisis basado en IA para estimar la posición del hueso y decidir el punto de etiquetado. Las coordenadas pasan después a un PLC Omron NX1P2, que coordina periféricos y comunica la orden al robot mediante Ethernet/IP.
Ese reparto importa. En una línea de alimentación, la IA no puede quedar como una caja negra aislada: tiene que sincronizarse con la impresora, la cinta, el aplicador, el PLC, la interfaz del operario y las condiciones de parada. La aportación de Timpolot está tanto en el modelo de percepción como en integrar todos esos elementos sin perder la cadencia de producción.
El robot elegido también responde al entorno. El TS2-80 HE es la versión para ambientes húmedos de la familia SCARA de Stäubli. Su diseño emplea superficies lisas, lubricante de grado alimentario H1 y una carcasa preparada para limpiezas periódicas con detergentes industriales y agua a presión media. La ficha oficial del TS2-80 indica un alcance de 800 milímetros y una carga máxima de 8,4 kilogramos.
IA aplicada a variabilidad real
El despliegue muestra una vía pragmática para introducir IA física en la industria alimentaria. Los robots industriales dominan cuando la pieza llega siempre en la misma orientación y con medidas previsibles. Carne, fruta, pescado o productos de panadería rompen esa premisa: cada unidad varía en forma, textura, peso y posición, aunque el proceso exija velocidad y trazabilidad constantes.
Aquí la visión no se limita a detectar si hay un jamón sobre la cinta. Debe convertir una imagen en un punto de trabajo suficientemente preciso para introducir una aguja sin tocar una estructura interna que no se ve directamente. La compañía sostiene que la combinación de algoritmos convencionales e IA mejora esa predicción y reduce las roturas.
Quedan datos por conocer. Stäubli y Timpolot no publican la tasa de fallos, el tiempo de intervención, la precisión con formatos atípicos ni el retorno económico frente al trabajo manual. Tampoco identifican al cliente, lo que impide contrastar las métricas con el operador de la planta. La automatización sigue dependiendo además de que una persona coloque los jamones en la cinta.
Aun con esos límites, el caso va más allá de una promesa. Hay una célula real que lleva varios meses operando y una tarea definida con un ciclo medible. Timpolot no ha intentado hacer un robot generalista para la industria cárnica; ha unido percepción, trazabilidad y movimiento para resolver un cuello de botella estrecho. Esa suele ser la forma menos vistosa, y más útil, en que la IA entra en una fábrica.
Fuentes
- Stäubli España — caso de éxito de etiquetado robotizado de jamón serrano
- Timpolot — automatización y trazabilidad para la industria alimentaria
- Stäubli España — ficha técnica del robot SCARA TS2-80
- Robotics & Automation News — línea de etiquetado con IA y Stäubli SCARA [en]
- Imagen: Stäubli — célula de Timpolot para etiquetado de jamón serrano