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Honeybee cierra el diseño de su rover para Lunar-VISE

El rover lunar de Honeybee Robotics supera la revisión crítica de diseño y avanza hacia su fabricación para la misión Blue Ghost de la NASA en 2028.

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Honeybee cierra el diseño de su rover para Lunar-VISE

El rover lunar de Honeybee Robotics ha superado la revisión crítica de diseño, un control que fija la arquitectura antes de fabricar el vehículo de vuelo. El robot viajará en una misión Blue Ghost de Firefly Aerospace prevista no antes de 2028 para explorar los domos de Gruithuisen.

Del diseño al hardware de vuelo

Blue Origin comunicó en su cuenta oficial, el 28 de julio de 2026, que el programa había completado su Critical Design Review (CDR). Este hito no significa que el rover esté terminado ni listo para despegar: indica que el diseño detallado, los subsistemas y el plan de verificación han alcanzado la madurez suficiente para pasar a la construcción del modelo de vuelo.

Mientras comienza esa fase, el equipo continuará recorriendo kilómetros con un vehículo de pruebas de movilidad y navegación sobre una instalación que reproduce el terreno lunar. Es una distinción importante. El banco móvil permite someter a la locomoción, la percepción y el software a fallos repetibles sin poner en riesgo el hardware que finalmente viajará al espacio.

El rover forma parte de la misión que Firefly Aerospace tiene contratada por la NASA por aproximadamente 179,6 millones de dólares. La arquitectura combina tres elementos: el vehículo orbital Elytra Dark, el módulo de descenso Blue Ghost y el rover de Honeybee. Elytra transportará el conjunto hasta la órbita lunar y quedará allí como enlace de comunicaciones; Blue Ghost bajará a la superficie y desplegará el robot.

La misión está apuntada para 2028, aunque Firefly ya la presenta con la cautela habitual del sector: el lanzamiento no ocurrirá antes de ese año. La revisión superada por Honeybee reduce un riesgo de ingeniería, pero todavía quedan fabricación, integración, ensayos ambientales y aceptación antes de cerrar una fecha.

Un recorrido científico con ida y vuelta

El destino es el borde meridional del domo Gamma de Gruithuisen, en la cara visible de la Luna. Estas formaciones elevadas parecen contener minerales volcánicos ricos en sílice y resultan difíciles de explicar con los modelos habituales del vulcanismo lunar. La misión buscará datos para reconstruir cómo se formaron y comprobar si existen indicios de agua o hidrógeno.

El rover llevará parte del conjunto Lunar Vulkan Imaging and Spectroscopy Explorer (Lunar-VISE). Según la descripción oficial de Firefly, incorporará una cámara infrarroja multiespectral y un espectrómetro de rayos gamma y neutrones. Otras cámaras permanecerán en el módulo de descenso para registrar tanto la zona de aterrizaje como el desplazamiento del vehículo.

El recorrido previsto obliga al robot a atravesar un campo de rocas hasta alcanzar el borde de un cráter relativamente reciente. Después tendrá que regresar hacia el módulo antes del anochecer. Ese retorno permitirá observar los mismos objetivos con distintos ángulos de iluminación solar y comparar mediciones, en vez de limitar la operación a una travesía lineal.

Blue Ghost dará soporte a las cargas útiles durante más de 14 días sobre la superficie. El margen coincide aproximadamente con una jornada lunar iluminada, de modo que la energía solar, la planificación de rutas y el tiempo dedicado a cada parada científica estarán estrechamente vinculados. Firefly no ha publicado todavía la masa, la velocidad, la autonomía energética ni la distancia total que deberá cubrir el rover.

Una misión más exigente que una demostración

Honeybee fue elegida para suministrar el vehículo en marzo de 2025. La empresa llega al proyecto con experiencia en mecanismos y herramientas planetarias, entre ellas Lunar PlanetVac y el taladro LISTER, que operaron en la primera misión Blue Ghost. Sin embargo, integrar movilidad, navegación y varios instrumentos en un único rover introduce un nivel distinto de complejidad.

También cambia el objetivo. No se trata solo de demostrar que un chasis puede rodar sobre regolito, sino de ejecutar una secuencia científica con puntos de interés, comunicaciones indirectas, límites térmicos y un plazo breve. Para lograrlo, la robustez de las ruedas y la suspensión importa tanto como la capacidad del software para localizar el vehículo y evitar obstáculos.

La CDR es, por tanto, una señal concreta de progreso y no una prueba de que la misión esté asegurada. El siguiente indicador relevante será ver hardware de vuelo integrado y ensayado frente a vibraciones de lanzamiento, vacío y cambios extremos de temperatura. Hasta entonces, la imagen disponible sigue siendo un render oficial y el vehículo visible en las pruebas es un modelo de desarrollo.

Si el programa mantiene el calendario, Honeybee llevará a la Luna un rover concebido para hacer ciencia de campo: desplazarse hasta afloramientos seleccionados, medirlos y regresar para repetir observaciones. Superar la revisión de diseño convierte ese plan en una configuración que ya puede fabricarse, pero la parte más dura —demostrar que sobrevive y funciona fuera de la Tierra— todavía está por delante.

Fuentes

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