Gritt ha salido del modo oculto con un sistema que acopla brazos robóticos, sensores y software de IA a maquinaria que ya existe en las obras. Su primer mercado son las grandes plantas solares, donde afirma que sus equipos ya colocan paneles en proyectos reales.
Un robot que aprovecha la maquinaria de la obra
La propuesta de Gritt evita diseñar un vehículo completamente nuevo. Sus módulos se instalan sobre máquinas habituales, como minicargadoras y carretillas elevadoras, y añaden percepción, manipulación y control autónomo para recoger, mover, ensamblar o posicionar materiales. La compañía plantea esta arquitectura como una forma de entrar en una obra sin obligar al contratista a comprar y mantener una flota propietaria desde cero.
Según el anuncio oficial del 21 de julio, el sistema combina brazos robóticos con una pila propia de IA y puede ejecutar movimientos con precisión milimétrica en entornos que cambian durante la jornada. A diferencia de una celda industrial cercada, debe enfrentarse a polvo, barro, desniveles, clima variable, materiales que no siempre llegan en la misma posición y trabajadores que comparten el espacio.
Gritt asegura que sus máquinas trabajan ya con grandes contratistas estadounidenses y que han colocado de forma autónoma decenas de miles de paneles solares sin roturas. Es una cifra comunicada por la empresa, no una auditoría independiente, pero señala un grado de operación más relevante que una demostración de feria. En la instalación solar, el robot descarga y transporta el panel y lo presenta sobre la estructura; los operarios siguen interviniendo para completar la fijación. Por tanto, se trata de automatización asistida de una parte del flujo, no de una obra sin personas.
La empresa también enseña una herramienta robotizada para atar ferralla, acompañada de sensores lidar. Esa segunda aplicación ayuda a entender el producto: la base no es un único robot solar, sino un conjunto modular con el que Gritt pretende abordar tareas repetitivas de manipulación y montaje sobre maquinaria de obra disponible en el mercado.
32,4 millones para pasar de dos sistemas a una flota
El lanzamiento llega acompañado de 32,4 millones de dólares acumulados entre la financiación inicial y una Serie A. De ese total, 26 millones corresponden a la nueva ronda liderada por Obvious Ventures, con participación de Union Square Ventures y Active Impact Investments. También figuran inversores anteriores como First Round Capital, Climactic, Congruent Ventures y VSC Ventures.
La financiación importa porque el principal reto ya no es solo conseguir que un brazo mueva un panel una vez. El sistema tiene que soportar turnos prolongados al aire libre, viajar entre obras, calibrarse con rapidez, integrarse con procedimientos de seguridad y mantener una cadencia que compense el coste de la máquina y de su soporte.
En declaraciones recogidas por TechCrunch, Gritt afirma tener contratos para contribuir a instalar 2,8 GW de paneles durante los próximos 18 meses. El medio sitúa en dos los sistemas desplegados actualmente y recoge el objetivo de llegar a 48 en seis meses. El salto previsto es grande: convertir dos equipos en una flota operativa exigirá fabricación, personal de campo, repuestos y procedimientos repetibles, no solo mejores modelos.
Los fundadores, Puneet Puri y Vishal Dugar, proceden del ámbito de la robótica y la autonomía. Su tesis es que la IA física para construcción debe aprender directamente en obra. En lugar de depender únicamente de simulación, el software recopila datos sobre trabajo terminado, movimiento de materiales y condiciones del terreno para ajustar la operación y ofrecer información a los responsables del proyecto.
La prueba estará en el coste por panel instalado
La construcción de plantas solares es un buen primer escenario porque combina volúmenes enormes, piezas delicadas y movimientos muy repetitivos. También permite mantener una división clara del trabajo: la máquina asume transporte y posicionamiento, mientras la cuadrilla conserva tareas de fijación, supervisión y respuesta ante incidencias. Esa especialización puede resultar más realista que intentar sustituir de golpe todo el oficio.
Pero todavía faltan métricas esenciales. Gritt no publica precios, disponibilidad por turno, coste de asistencia, tasa de intervenciones ni una comparación completa del coste por panel frente a una cuadrilla convencional o frente a robots solares dedicados. Tampoco identifica públicamente a los clientes de sus proyectos iniciales. La ausencia de roturas declarada es positiva, pero no basta para evaluar la economía de una obra.
La compañía compite además con fabricantes que diseñan máquinas específicas para instalar paneles. Su ventaja potencial está en usar vehículos alquilables y componentes comerciales, una estrategia que puede abaratar mantenimiento y acelerar despliegues. El riesgo es que una plataforma modular resulte menos eficiente que una máquina optimizada para una única tarea.
Gritt no ha demostrado todavía que pueda escalar al ritmo anunciado. Sí aporta, sin embargo, una idea industrial concreta: llevar la robótica a una obra cambiante mediante accesorios sobre equipos conocidos, empezando por una tarea estrecha y medible. Si los próximos 46 sistemas mantienen productividad, seguridad y fiabilidad, la empresa habrá convertido una financiación llamativa en capacidad operativa real.