Doly: un robot de escritorio con funciones que ejecuta en local

Doly combina una Raspberry Pi CM4 con cámara, voz y movimientos. Revisamos qué hace en local, qué necesita conexión y qué incluye la versión montada.

·Redacción Robotica.es
3 min de lectura
Doly con sus ojos y orugas en una imagen oficial de producto.

Doly puede mirar, moverse sobre la mesa y responder sin enviar cada interacción a un servicio remoto. Ese es el atractivo de este pequeño robot con una Raspberry Pi Compute Module 4: varias de sus funciones de visión y voz se ejecutan en el propio dispositivo. Conviene distinguirlas de las tareas que consultan información por internet y de las posibilidades que requieren programarlo.

La documentación de sus funciones de compañía describe reconocimiento de caras, seguimiento visual y respuesta a la voz. Son prestaciones del fabricante; no implican que el robot pueda conversar sobre cualquier tema o entender todas las situaciones de una casa. Doly también ofrece gestos, sonidos y movimientos de los ojos que dan forma a esa interacción.

Lo que significa trabajar en local

Procesar una imagen en el robot permite reaccionar a lo que tiene delante sin depender de una consulta externa para cada movimiento. Es una diferencia útil frente a otros robots de escritorio, sobre todo si interesa experimentar con visión y control dentro de una misma máquina.

Una consulta meteorológica, una actualización o la configuración de servicios conectados siguen necesitando red. La palabra «local» tampoco convierte en automática cualquier función añadida por el usuario: un programa puede usar la cámara dentro del dispositivo y después llamar a una API de internet. Al valorar una ampliación hay que mirar el recorrido de los datos de esa función concreta.

Tom’s Hardware explicó en su presentación del proyecto que la cámara y los sensores formaban parte de un diseño basado en CM4. Esa cobertura sirve para entender su origen como plataforma programable, aunque la campaña de entonces no describe por sí sola las condiciones de compra actuales.

Montado o para desarrollar

La tienda oficial ofrece Doly completo, con su base de carga. La variante de 1 GB está orientada al uso normal del robot; la de 2 GB deja más margen para desarrollo. Para alguien que quiere probar rutinas y gestos, comprar más memoria no sustituye a comprobar que el software hace la tarea que busca.

La ficha canadiense publica 578 dólares canadienses para la versión de 1 GB de RAM y 32 GB de almacenamiento. Esa cifra corresponde a ese mercado y configuración; no es un precio final en euros para recibirlo en España.

Doly permite ampliar su comportamiento con Blockly, Python y C++. Ahí aparece una segunda forma de usarlo: establecer una reacción a un estímulo y después observar si funciona de manera consistente. Por ejemplo, separar una detección visual de la orden de mover los ojos ayuda a encontrar dónde falla una rutina. Quien prefiera ejercicios guiados puede comparar este enfoque con los robots educativos.

La mesa también forma parte del sistema

El robot incorpora detección de bordes y retorno a la base, pero el propio fabricante contempla errores ocasionales. La primera puesta en marcha tiene sentido en una superficie amplia, despejada y con la base accesible. Un objeto que tapa un sensor o una zona complicada alrededor del cargador puede cambiar el resultado de una demostración.

El equipo montado no incluye el adaptador USB de alimentación: la tienda pide una salida de 5 V y al menos 1,5 A. También indica conectividad Wi-Fi para configuración y actualizaciones y presenta el uso en inglés. Estos requisitos pesan más que el aspecto simpático si se busca un compañero listo para una persona que solo quiere hablar en castellano.

Doly resulta especialmente interesante cuando compañía y programación se solapan: observar un gesto, modificar la regla que lo provoca y probar de nuevo. Para usarlo únicamente como asistente conversacional, primero merece comprobar el idioma y el conjunto real de funciones disponibles.

Fuentes

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